NOTARIOS

José Ramón Castro Reina
Manuel Ignacio Cotorruelo Sánchez

ley-apoyo-emprendedoresEl Anteproyecto de Ley de apoyo a los emprendedores parece que cristalizará en el correspondiente texto legal y según lo que se desprende de las noticias que ha trascendido, aportará medidas y regulación que favorecerán la financiación y las relaciones entre las empresas y las Administraciones Públicas y, llegado el caso, el poder solventar dificultades empresariales.

Pero sea con el marco normativo resultante de esa futura ley, o sea con el actualmente vigente, la persona que se plantee iniciar una actividad empresarial debe adoptar previamente una serie de decisiones de trascendencia, tendentes a minimizar los riesgos inherentes al ejercicio de esa actividad, desde el punto de vista de la responsabilidad patrimonial y de la seguridad jurídica. Dos son las que vamos a tratar en este post:

1º. Elección de la forma a adoptar para el ejercicio empresarial. Actualmente se puede optar por la actuación como empresario persona física (empresario individual) o empresario social  (persona jurídica). Como persona física, el empresario (mientras que no se apruebe el anteproyecto citado y se cree la figura de empresario individual de responsabilidad limitada) responde con todos sus bienes presentes y futuros de la marcha de los negocios. Como empresario social, en principio, la responsabilidad por los negocios queda limitada a los bienes aportados a la sociedad. El tipo societario más utilizado es el de la sociedad de responsabilidad limitada de las que ya hemos hablado, en cuanto a su constitución en este blog, y que, como ya sabéis, puede tener carácter unipersonal (un socio) o pluripersonal (varios socios).

Junto a esas dos formas, empresario individual o social, hay una figura intermedia utilizada en la práctica, en caso de pluralidad de empresarios, y que es la comunidad de bienes. Realmente, no configura ninguna sociedad y por tanto no limita la responsabilidad por los resultados de la empresa; se trata, simplemente, de una formalidad que permite a personas que trabajan en un mismo negocio, facturar bajo un solo CIF.

2º. Adopción de un régimen económico-matrimonial adecuado.  Ya dimos algunas claves en este blog para la elección entre el régimen de separación de bienes o gananciales. El emprendedor debe saber que, con su actividad puede poner en peligro, no sólo sus bienes, como hemos visto anteriormente, sino también los posibles bienes comunes del matrimonio e incluso, en determinados casos, los bienes de su cónyuge. El alcance del riesgo dependerá en gran medida del régimen económico adoptado. Si se trata de un régimen de gananciales, los bienes comunes podrán verse afectados, en parte, por las consecuencias negativas de la actividad. No tendría lugar esta responsabilidad en caso de pactar un régimen de separación.

También, en una empresa familiar con forma societaria la elección del régimen económico del matrimonio de cada uno de los partícipes-familiares es importante para asegurar la titularidad y el ejercicio de los derechos de los socios; es decir, no es lo mismo por ejemplo, que las participaciones de la sociedad fundada tres generaciones atrás en el seno de una familia sean exclusivamente del descendiente del fundador o fundadores (por ejemplo, si su régimen económico es el de separación de bienes),  que lo sea de aquel y su cónyuge (en el caso de que su régimen sea de gananciales o de  alguna forma de comunidad).

Esperamos que estas líneas sirvan para no empezar una actividad sin antes pararse a pensar en estas consecuencias.

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